Importante

Tema de esta edición: Revolución y utopía

La palabra “revolución” puede sonar inquietante o esperanzadora, ya que es un momento crítico y traumático que hace cambiar profundamente la vida de los hombres. Y, como toda transformación, produce a la vez miedo y esperanza. Hace ya mucho tiempo que este término dejó de usarse para referirse únicamente al movimiento de los planetas, pasando a designar principalmente los cambios rápidos y radicales en la historia humana. Las revoluciones, en mayor o menor grado, han acompañado desde sus inicios el camino de la humanidad, que ha sido de todo menos un transcurrir tranquilo, uniforme y sin sobresaltos. Sin embargo, han alcanzado su mayor plasmación a partir de las grandes revoluciones modernas: la americana y la francesa. Desde entonces, como no podía ser de otro modo, ha habido revoluciones de muchos tipos: políticas, sociales, morales, religiosas, industriales, científicas, tecnológicas, etc., y cada cual ha afectado a alguna de las muchas dimensiones de la vida humana. Pero sin duda en este concepto predominan sus connotaciones políticas, lo que la emparenta con el concepto de “utopía”: las revoluciones surgen porque se busca algo mejor, un ideal de vida perfecta que las guía e inspira, un no-lugar feliz que no se encuentra en la realidad que conocemos, un lugar que no está en ningún lugar pero sin el que quizá ninguna lucha tenga sentido. Algunas preguntas que pueden orientar tus reflexiones:

¿Son las revoluciones todavía deseables?
¿Cuál sería la revolución más necesaria en estos momentos de la historia?
¿Existen condiciones y límites para las revoluciones?
¿Son necesarios los ideales utópicos para poder vivir?
¿Toda utopía conduce a la distopía?
¿Qué revoluciones cambian más la vida de las personas, las político-sociales o las científico-tecnológicas?
¿Es una pura utopía –o distopía– pensar que la actual revolución tecnológica hará que las personas pierdan totalmente su libertad?


Para facilitar el trabajo a profesores y alumnos puede ser útil consultar los siguientes consejos para realizar un ensayo filosófico:

También será de ayuda tener en cuenta los criterios de valoración que se emplearán en la olimpiada:

1. CLARIDAD Y PRECISIÓN:
  • Las frases son claras, fácilmente inteligibles y bien redactadas
  • El vocabulario está empleado con precisión y propiedad
  • Se emplean los conceptos de forma adecuada
  • El texto tiene riqueza expresiva y de vocabulario
  • Hay esfuerzo por precisar el sentido en que se emplean ideas o términos vagos, ambiguos o que puedan llevar fácilmente a equívoco

2. ESTRUCTURA Y ARGUMENTACIÓN:
  • El texto tiene un hilo conductor claro, el argumento general se sigue bien y las distintas ideas y párrafos están bien enlazados entre sí en continudad
  • Hay una introducción que sitúa y enfoca bien el tema general, un desarrollo articulado y unas conclusiones claras que recogen la/s principal/es tesis defendida/s
  • El texto es coherente y el avance en la exposición y argumentación es progresivo
  • Se argumentan y razonan adecuadamente las afirmaciones, sin dejarse llevar acríticamente por tópicos, prejuicios o argumentos de autoridad
  • Las razones aportadas son suficientes, variadas y desarrolladas
  • Se tienen en cuenta posibles objeciones y opiniones contrarias, con refutaciones razonadas
  • La argumentación general es sólida y convincente
  • Se ponen ejemplos claros y adecuados, a ser posible inspirados en la vida cotidiana y en la experiencia personal del alumno

3. CONTENIDO:
  • La exposición corresponde a lo que se pregunta
  • El tema está bien planteado, mostrando su interés, importancia y los problemas que encierra
  • Se plantean cuestiones verdaderamente relevantes sobre el tema planteado
  • Se relaciona con los grandes problemas de la reflexión filosófica y con afirmaciones o enseñanzas de diversos pensadores
  • El enfoque es personal y original y el texto tiene frescura y viveza, lejos de recurrir a estereotipos o limitarse a reproducir un conjunto de contenidos aprendidos

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